Día 1: A SUDÁFRICA SE ENTRA POR CIUDAD DEL CABO




Cape Town (Ciudad del Cabo), Sudáfrica — sábado, 1 de mayo de 2010
En un primer viaje al África negra empezar por Ciudad del Cabo, tan británica y elegante, es una buena forma de ir adentrándose lentamente en un país tan distinto.



Después de un largo viaje por South African Airways desde Buenos Aires, con escala en Johannesburgo (en migraciones no nos pidieron nada del papeleo de vacunas que nos habían hecho llevar) ,y con ningún empleado a bordo que hable español a pesar de que el vuelo partió de Argentina, al mediodía del 1 de mayo llegamos al bonito aeropuerto de Ciudad del Cabo. Luego de recoger el equipaje fuimos al encuentro del taxista que nos llevaría al hotel. Era la primera vez que me esperaba alguien con un cartelito en un aeropuerto(el famoso “meet and greet) así que yo ya estaba contento de que así sea.

Muy simpático el chofer, negro –como pasaría a lo largo de casi todo el viaje, los trabajos de operarios son para los negros y los jerárquicos para los Afrikaners (blancos descendientes de colonos holandeses)-, no podía creer que no nos quedáramos a ver el mundial. Para toda la población negra el fútbol es el deporte nacional y el mundial su principal orgullo, mientras que para los blancos el deporte es el rugby y casi que no sentían emoción alguna por Sudáfrica 2010.

Llegamos a Gardens, un barrio mucho más lindo de lo que lo imaginábamos, muy británico, ningún edificio pasa los tres pisos de altura, el tipo de automóviles, el hecho de que manejen por la derecha, el tipo de cartelería de las calles, en fin, todo remitía a Gran Bretaña salvo el hecho de que no estaba nublado, ja. Teníamos reservas en el Ashanti Lodge Gardens un hostel lindo, bien cuidado y atendido con simpatía. Nuestras habitaciones como eran con baño privado estaban a la vuelta en una casona cuyas amplias habitaciones habían sido refaccionadas con baños a nuevo, tv, camas King size y otra simple para apoyar las valijas. Perfecto para mí, bueno, bonito y barato ( o más o menos, alrededor de 70 usd la habitación doble). Dejamos las cosas y rápidamente nos fuimos a la recepción para pedir un taxi a la Table mountain para aprovechar la tarde soleada siguiendo los consejos de Roberto.

Excelente decisión, nos encantó. El taxi te deja en la base de la montaña, desde allí tomás el teleférico giratorio y panorámico que te lleva a la cima. Es costumbre allí que los taxistas te dejen su tarjeta para que los llames y supongo que evitar la comisión de la agencia; el nuestro se llamaba Aleko y como no teníamos cambio nos dijo que a la vuelta le pagábamos los dos viajes (ida y vuelta), nos explicó que el recorrido duraba una hora aprox. y que el último teleférico regresaba a las 18 hs.. Así que quedamos con Aleko para las 18 en la base de la Table Mountain y fuimos a sacar los tickets para el telesférico y el Parque Nacional Table Mountain. Lo sacamos con tarjeta sin problemas.

Realmente tienen razón todos los que recomiendan esta visita, las panorámicas desde la cima de la meseta son impresionantes, contemplas no sólo toda la ciudad y el puerto sino la costa, el infinito océano atlántico y puedes ver como la península se pierde en sus aguas hacia el polo sur. Allí arriba tienes caminos perfectamente señalizados para recorrer y no perderte ninguna vista en los 360 grados de paisajes que ofrece esta montaña. Y aquí empezamos a observar algo que será una constante en nuestros días en Sudáfrica, la naturaleza reboza allí donde vas, plantas y animales asoman por donde mires; en este caso eran los simpáticos Cape Starlings (unos pájaros negros casi azulados que se acercan casi al lado de los visitantes) y las Dassies (unos roedores bastante grandes y con dos dientes feítos que coronan sus bocas) que buscaban comer lo que la gente les de. Luego de dar toda la vuelta y con el tope de las 18 para el último teleférico lamentablemente tuvimos que regresar, a pesar de que había más caminos y recorridos más amplios para hacer.

A nuestro regreso efectivamente nos esperaba Aleko en la base para llevarnos al hotel. Perfecto.

Llegamos al Ashanti y siguiendo las recomendaciones de Roberto consulté en la recepción por el clima de los días siguientes: mañana despejado, pasado nublado. Ok, había que reservar un auto de alquiler para el domingo para aprovechar el clima y hacer el recorrido a Cape Point. Como al día siguiente era domingo, y encima hay que salir bien temprano para aprovechar bien las horas de luz, no fue sencillo conseguir auto y no tuvimos muchas opciones para elegir modelo ni precio: un Corsa 4 puertas manual nos esperaría al día siguiente en la puerta del hotel. Todo arreglado sin movernos del hostel.

Nos fuimos a bañar y para cuando estuvimos los cuatro listos (mi novia, nuestra pareja amiga y yo) ya eran más de las 20, y en Sudáfrica se cena temprano así que siguiendo la recomendación de todos los viajeros pedimos un taxi para ir al Waterfront (zona comercial construida en el puerto, en el estilo del Puerto Madero de Buenos Aires).

Aquí no tuvimos suerte con el taxista que nos cobró una fortuna (90 rands por un viaje de 60). Los taxistas por lo general no ponen el taxímetro sino que te fijan el precio ellos, por eso es conveniente pactarlo al subir o pedir que pongan el aparato. En un pricipio, por inexperiencia, nos resultó chocante que todo el mundo te pida propina, luego con el paso de los días nos fuimos amoldando a esta costumbre.

El Waterfront es muy coqueto y bastante grande, con gran número de restaurants, negocios y dos shoppings. Hay músicos en la calle y mucha vida nocturna.

Cenamos rico en un restorán llamado Hildefront y volvimos a dormir. Mañana nos esperaba nuestra primera aventura: manejar por la derecha.

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