Día 2: EL CABO DE LA BUENA ESPERANZA



Cape Town, Sudáfrica — domingo, 2 de mayo de 2010
Si visitan Ciudad del Cabo no se pierdan el placer de manejar por los increíbles paisajes y pueblitos camino al Cabo de la Buena Esperanza.


Temprano todos arriba que nos esperaba una larga jornada y nuestra primera experiencia al volante en el extranjero y manejando por la izquierda. Con 40 minutos de demora nos entregan el Corsa, 4 puertas, con muy pocos kilómetros. Arranca manejando Diego, mi amigo, y partimos rumbo a Camps Bay, nuestra primera parada.
Siguiendo las recomendaciones de Marcos y de Roberto decidimos hacer el siguiente recorrido: bajar por el oeste parando en Camps Bay (y los 12 Apóstoles), Hout Bay (y paseo en lancha hasta la isla de los lobos marinos), tomar la Chapman´s Peak Drive (autopista panorámica imperdible-gracias Marcos!-), y llegada a Cape Point. Recorrerlo a placer y luego regreso por el este parando en Boulders Beach (colonia de pingüinos), Simons Town (estatua al Gran Danés), Fish Hoek, Kalk Bay (tren sobre la playa), Muizenberg (casetas de colores en la playa), llegando a Cape Town a la nochecita.
En el camino nos costó bastante al principio ubicarnos bien y el GPS perdía señal a cada rato así que demoramos más de la cuenta en llegar a Camps Bay. Hermosa playa de largas extensiones de arenas blancas y mar azul profundo. Se nota que es una zona de gente adinerada por las mansiones y los autos. Daba para quedarse a tomar unos mates tirados en la arena, pero no nos daba el tiempo. Los Doce Apóstoles son unas formaciones rocosas en las montañas que están detrás de este pueblo. El paisaje bien invita unas cuantas fotos.
Seguimos camino, nuestra próxima parada: Hout Bay. La ruta en todo Ciudad del Cabo está muy bien y correctamente señalizada. La gente maneja bien, son correctos y respetan mucho las señales. Hout Bay es un pueblo chico, al que se va directo al puerto, donde hay unos puestitos en forma de feria para ver artesanías y donde hay varios botes para hacer el paseo hasta la Isla de los lobos (Diuker Island). Contratamos el próximo a salir y como nos quedaba tiempo fuimos a desayunar rápido a un restorán que quedaba contra el muelle. Y allí volvimos a tener la sensación de que la naturaleza reboza en este país. Un lobito marino andaba nadando entre los veleros aparcados en el muelle, ahí nomás de nosotros. Y unos minutos más tarde vemos una medusa nadando al lado nuestro. Increíble.
El paseo en barco es lindo, pero no imperdible, se ven lindos paisajes costeros hasta que se llega a un islote repleto de lobos marinos de todas las edades echados al sol. En total unos 30 minutos.
De vuelta al camino (ah, perdón, la ruta es la M6) tocaba tomar la Chapman´s Peak Drive, que es una autopista corta que une Hout Bay con NordHoek. Son unos catorce kilómetros de camino de montaña con unas vistas increíbles del océano Atlántico y unos curiosos túneles para protegerlo de los derrumbes. Conclusión: si bien hay un camino opcional a la autopista, considero que es altamente recomendable y el peaje súper accesible. Imperdible.
Llegamos a la Reserva Natural del Cabo de la Buena Esperanza (Cape of Good Hope). Al pagar la entrada te dan un mapita para orientarte porque hay varios caminos y puntos de interés y no es precisamente chico. Lo principal es visitar los tres cabos el Maclear, Cape Point y el Good Hope. Para llegar a Cape Point se puede ir caminando (es largo y en subida) o en un vehículo que es como un trencito que se llama Flying Dutchman, y bajar a pie (recomendable). Desde Cape Point hacia la izquierda se ve la False Bay donde suele haber tiburones blancos y es el punto donde se unen el Océano Atlántico con el Pacífico (eso me dijeron a mí, otros sostienen que es en Cabo Agujas). En el Maclear se puede visitar el antiguo faro que tiene unas vistas asombrosas. Si tienen tiempo y energías se puede bajar a Días Beach que queda en el camino desde aquí hasta el Good Hope y tiene unos vientos que dan la sensación de que se está en el fin del mundo; nosotros no tuvimos tiempo así que fuimos en auto.
En el Cabo de la Buena Esperanza nos sacamos la típica foto en el cartel que dice el punto más suroccidental de África. Y subimos las escaleras para disfrutar de sus magníficas vistas.
Luego de permanecer un rato disfrutando de las vistas y del viento (fortísimo) emprendimos el regreso, esta vez por el este, y esta vez manejando yo.
Más allá de las precauciones, a los minutos ya te acostumbrás a manejar al revés. Cuando te quieren pasar te hacen luces, te corrés a la banquina, pasan y te agradecen con las balizas. Si ves un stop pintado en la calle, tenés que frenar y el primero en llegar es el primero en irse. Todos lo respetan así que hay que estar atentos. Lo único complicado son las rotondas, porque físicamente apenas si sobresalen algunas del asfalto, simplemente están pintadas en un cruce y nunca entendí bien cómo atravesarlas (me ligué más de un bocinazo).
Ahora estamos subiendo por la M4. Primera parada, Boulders Beach y su colonia de pingüinos. Ni bien estacionamos en el parking de la reserva ya estamos viendo pingüinos a unos 10 metros de donde estamos, metiéndose en el mar. Caminamos hacia la entrada y entre unos arbustos, a metros de donde había dejado el auto, hay un pingüino!! Al lado nuestro!! Nos sacamos miles de fotos y el tipo ni se mosqueó. Como no nos quedaban muchas horas de luz día y sí varias paradas más decidimos no entrar a la colonia y desde la entrada nomás estuvimos viendo varios ejemplares hacer de las suyas entre las rocas y el agua. Es muy gracioso verlos caminar.
Seguimos viaje por la M4 y el tránsito y el desconocimiento hacen que no podamos parar en Simon´s Town ni en FishHoek, así que los vemos desde el auto y recién paramos en Kalk Bay. Lindas callecitas en pendiente sobre las colinas, caminamos un poco por ahí sacando fotos y aguardamos que llegue algún tren a la estación que tiene la particularidad de estar sobre la playa. Sí, sobre la playa. Los trenes son iguales a los nuestros, no tienen nada de particular, pero el hecho de verlos arribar contra el mar sí lo hace un evento curioso.
Seguimos viaje hacia el norte y hacia el pueblito que despertaba más ansiedad en mí: Muizenberg. Había visto unas magníficas fotos (gracias Marcos) de sus simpáticas casetas de colores sobre la playa y quería llegar a verlas antes de que anochezca. Llegamos unos minutos antes de que anochezca, lo suficiente para apreciar y poder fotografiarlas. Muy recomendables.
No hubo tiempo para más, la noche se cerraba y los Jardines Botánicos de Kirstenbosch (muy recomendados por varios viajeros) quedaron para otra ocasión.
Devolvimos el auto en el hotel y luego de bañarnos decidimos ir a comer a Long Street (el otro punto con movida nocturna, en este caso, más juvenil). Cenamos unas hamburguesas con cervezas locales (ricas) y nos fuimos a dormir.


Postamigo

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