DÍA 6: SKUKUZA-SATARA




Mpumalanga, Sudáfrica— jueves, 6 de mayo de 2010

   Amanecimos temprano porque de nuevo teníamos contratado un Sunrise drive (la idea no era repetir sino hacer un sunrise, un sunset y un night drive pero como ya vieron por razones de fuerza mayor nos perdimos el sunset). Envueltos en frazadas por el frío que hacía salimos en esta segunda excursión en la que pudimos ver leones apareándose (de lejos), una hiena, un leopardo (en silueta, a contra luz, pero permítanme que lo tache de la lista), kudúes, un lagarto monitor, obviamente elefantes, jirafas y muchos ciervos pequeños e infinidad de aves porque con nosotros viajaban unos suecos ornitólogos que paraban a cada rato para ver cuanto pajarraco aparecía. Por momentos los quise matar, je.
Volvimos a Skukuza y nos fuimos a desayunar al restaurant, bajo un enorme quincho que tiene el techo repleto de murciélagos. Una vez que nos hartamos de tratar de sacarles alguna foto en foco partimos para completar el recorrido pendiente del día anterior.
Bajamos hasta Lower Sabie, un campamento muy grande y lindo. Ahora sí pudimos ver en el río y luego en las charcas hipopótamos, también waterbucks que son imponentes, cebras y muchos facoceros que suelen estar junto a las cebras y los impalas. Luego de parar un toque en Lower Sabie, era el turno de subir hacia Satara por la H10. Sobre ésta, a medida que va trepando la montaña, se encuentran dos miradores, uno es para ver desde el auto y el otro, se puede bajar bajo tu propio riesgo. Es increíble!!!! Primero la sensación de estar al aire libre en medio de la naturaleza, y después la vista de la enorme sabana es estar metido en un documental, no te alcanzan los binoculares querés ver todo.
Llegando a Tshokwane decidimos dar un rodeo por caminos de tierra para no repetir lo del día anterior. Gran acierto. No sin esfuerzo nos quedamos junto a una camioneta que estaba parada a un costado del camino, tardamos en darnos cuenta de qué se trataba: un cheetah descansaba a unos pocos metros nuestro. Qué sensación! Luego vimos más bichos de los que ya habíamos visto hasta que a lo lejos nos tocó ver un elefante muriendo. Una sensación horrible.
A medida que se va subiendo hacia el norte va cambiando la vegetación, hacia el sur el paisaje es más verde con árboles y arbustos, luego se va poniendo cada vez más amarillenta y baja, con predominancia de patizales y árboels esqueléticos qeu parecen de películas de Tim Burton. Por donde nos movimos nosotros no abundaban pero es digno de fotografiar el árbol insignia de la zona que es el baobab, una especie bastante particular con una copa muy pequeña para el tamaño de su tronco. Nosotros visitamos uno gigante que está señalizado en el mapa.
Esta vez llegamos a horario a nuestro campamento, Satara. Debíamos bañarnos y comer temprano porque teníamos el Night drive. La cena como en todo el parque era buffette con los mismos platos de siempre. Antes de alistarnos para la excursión, nos acercamos hasta el mapa magnético del campamento para marcar al cheetah. Un orgullo, je.
El night drive es una experiencia diferente, las posibilidades de ver fauna son más reducidas obviamente, pero la sensación de estar de noche en la sabana para mí bien vale el intento. En esta excursión hay que ayudar al guía alumbrando con los reflectores buscando algún para de ojos que reflejen la luz. No tuvimos mucha suerte, vimos ginetas de cola manchada, una hiena, hipopótamos, impalas, un camaleón, un conejo y algún venado más. Igual yo me divertí muchísimo con el farol descubriendo animales en la
noche cerrada.

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