#CRUZANDO PERÚ: PREPARARSE PARA IMPROVISAR








     PERÚ, sí, me voy a Perú. Sus ruinas, su historia, sus volcanes, sus selvas, sus cañones, serán escenario de un viaje iniciático, no sólo porque por vez primera me voy solo, sino porque también es inaugural en cuanto a su organización, sin nada programado, sin itinerario definido, es más, sin saber demasiado del destino; sin reservas, como diría Anthony Bourdain, un rito de pasaje a la sorpresa, a la maravilla. Voy a tomar de Perú lo que Perú quiera darme.


       Si bien todo viaje cambia, agrega, yo tomé éste como una oportunidad para probar otro modo de hacerlo, más suelto, por donde lleven las emociones, tratando de dejar la ansiedad a un lado, la previsibilidad. Pero resulta que esta libre empresa también requiere preparativos, no es cuestión de agarrar el pasaje, pasaporte y la mochila, no señor, improvisar también requiere de cierta organización.

 
Ciudad del Cabo -Una de las fotopostales para el viaje



     Un primer punto a resolver, si vivís en la tierra de Messi y el Papa Francisco, es hacerse de moneda extranjera. Hoy en día es un proceso desgastante y, por lo general, poco satisfactorio, que empieza completando un formulario on line para la AFIP (previa gestión de la clave fiscal) solo 7 días antes de tu partida y continúa con la averiguación de métodos alternativos de cambiar dinero ante la casi segura negativa del organismo. Es así que terminamos abrazando la tarjeta de crédito y solicitando el famoso PIN (clave personal para operar en cajeros automáticos) para no caer en el mercado negro de divisas. Mucho se ha escrito sobre este problema en la blogósfera, el más original a mi gusto ha sido el de Sir Chandler, que lo podés leer acá.

     El segundo punto que me encontré fue el alojamiento. En esta búsqueda no quisiera reservar desde acá, obligarme a un esquema, además, me gustaría algo más casero, menos turístico. Oportunidad ideal para hacer Couchsurfing. Hablar con gente local, que me muestren su ciudad, compartir una salida, un paseo, que me alojen. Si bien soy miembro de esa comunidad desde 2009 nunca lo he usado para alojarme. Bueno, esto requiere todo un trabajo previo de RR.PP.VV.(relaciones públicas viajeras). Tengo que reactivar mi perfil, completarlo más, conseguir referencias, participar en foros, grupos, hacer consultas, completar solicitudes de couch, revisar muchos perfiles, elegir candidatos, escribirles, contarles de mi viaje, esperar que respondan, entablar una conversación para generar confianza mutua. Largas horas frente a la máquina para preparar el terreno para una correcta zambullida cultural. Esperemos que resulte.

Parque Kruger -Una de las fotopostales para el viaje



Tercer punto, el itinerario. Abierto, claro, no quiero atarme a nada. Pero eso implica decisiones según el tiempo del cual se disponga, en mi caso, taché el Camino del Inca (por los costos y la reserva previa), pero nuevas actividades aparecen, seductoras, conforme uno habla del futuro destino: “cómo, no vas a ir a tal lado?”, “uh, no podés dejar de hacer tal cosa”, “si la reservás desde acá te sale la mitad”, “mirá que la tenés que hacer con tiempo, eh”. Infinidad de sugerencias. En mi caso, la que me taladra la cabeza no tiene que ver con los Incas sino con la naturaleza, me muero por estar en la selva, y estar ahí tan cerca del Amazonas…

     Amazonas dije? Sí, dije Amazonas y frente a un médico, un amigo infectólogo y terminé hablando de la medicina del viajero. Con respecto a esto hay dos caminos a seguir, o la ignorás completamente o la seguís al pie de la letra. Después de haber estado más de un mes, entre Egipto y Europa, recorriendo baños y farmacias con la poco simpática diarrea del viajero, opté por la segunda. Entregué mis hombros a la lucha contra la fiebre amarilla y la hepatitis, y comencé un tratamiento anti malaria. Para esto se puede recurrir al sistema público a través de Sanidad de Fronteras o ir a algún centro privado de salud.

Isla Grande -Una de las fotopostales para el viaje



     Pero una de las razonas fundamentales por las que este viaje es diferente es porque será mi primer viaje de bloggero full time. Y, lógicamente, quisiera escribir ahí mismo, con las emociones a flor de piel. Pero como no tengo computadora portátil me convencí que la mejor inversión sería cambiar el celular por un smartphone. Mucho más económico y pequeño, me permitiría escribir, aunque sea de manera rudimentaria y subir algunos post in situ. Eso me abrió las puertas del interminable mundo de las aplicaciones para android y el tratar de aprender a usarlo para conectarme desde allí. Veremos qué sale.

     Otra de las cuestiones del bloggero full time es que me gustaría hacer que el blog crezca, claro, conectarme con muchos viajeros en mi camino, compartir experiencias, tramos del viaje. Ahí llegué al problema de la difusión, ¿qué tengo para darles? Como no tengo tarjeta, nunca hice calcos ni nada, no sabía bien qué hacer y no me quedaba mucho margen de tiempo. Es así que improvisé una suerte de fotopostales que ilustran esta nota y que espero funcionen como un atractivo link al blog.

Galápagos -Una de las fotopostales para el viaje



     Fueron días agitados, de tachar ítems en listas para no llevar ninguna, de prepararse para improvisar. Ahora solo me queda una pila de ropa para lavar, una mochila que coser, algunos mensajes que mandar, y un puñado de días que restan para mi rito de pasaje a la maravilla.

Ciudad del Cabo - una de las fotopostales para el viaje

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